El 12 de septiembre del año pasado el Real Club Deportivo Espanyol iniciaba su periplo por la división de plata del fútbol español tras 26 años consecutivos en la categoría reina. El reto que tenían ante sí Vicente Moreno y su cuerpo técnico era de vital importancia para el club, no solo porque las anteriores veces que se había descendido se había ascendido al año siguiente, sino porque hoy en día quedarse más de una temporada en una categoría tan disputada podría llevar al club a la deriva y a permanecer así mucho tiempo.

Cuando se dice que el fútbol es algo más que veintidós jugadores sobre un terreno de juego dando golpes a una pelota es por historias como esta. Tenemos que retroceder en el tiempo y situarnos en un periodo en el que la guerra asolaba Europa. Concretamente viajamos a diciembre de 1914, con la Primera Guerra Mundial -entonces llamada Gran Guerra- empezada hacía pocos meses. En el frente occidental, soldados británicos y alemanes disparaban sin cesar de trinchera a trinchera. Ante un escenario como este parece imposible imaginar siquiera un instante de tranquilidad, de felicidad, pero cuando llegó Nochebuena el tiempo se detuvo. Llegó la Tregua de Navidad.

Evasión o victoria (1981) es uno de los últimos trabajos para el cine del maestro John Huston, director de grandes clásicos del cine como El Halcón Maltés (1941) o La Reina de África (1951). Esta es una aventura futbolística ambientada en un campo de prisioneros británicos durante la Segunda Guerra Mundial. Con la contienda militar de fondo, el film trata la preparación de un conjunto de jugadores de distintos países europeos para enfrentarse a la selección alemana de fútbol.

El rey espartano Leónidas, encarnado por Gerald Butler en la archiconocida película 300, luchó en la Batalla de las Termópilas con sus trescientos hombres contra el ejército persa de Jerjes I, que contaba con 10.000 soldados. Dicho acontecimiento guarda, en cierta forma, paralelismos con la realidad a la que se enfrentan la mayoría de rivales del Espanyol en esta Segunda División.

Tradicionalmente cada posición estaba ligada a un dorsal. Los equipos solo utilizaban números del 1 al 11, que son los jugadores que hay en el terreno de juego, y cada demarcación tenía el suyo asignado. Así, entendemos que el 1 era siempre para los porteros, el 9 para los delanteros centro y, el dorsal que nos atañe, el 11, para los extremos izquierdos.