Cuenta la historia que, entre finales del siglo pasado y principios de este, hubo una ciudad de la costa gallega que empezó a creer en el fútbol. La mística y el drama, elementos definitorios de la cultura gallega darían forma a una epopeya que años después aún perdura en la memoria de los coruñeses. La magia hizo de las suyas, y de la noche a la mañana el Real Club Deportivo de la Coruña pasó de jugar en segunda división a codearse con los más grandes del fútbol español. Se convirtió en el «Superdépor».

El fútbol al fin y al cabo no deja de ser un producto de entretenimiento. Si asemejáramos el fútbol al último estreno producido en Hollywood, ¿qué personaje encarnaría Jose Mourinho? Posiblemente no sería ni el protagonista ni el actor secundario sino más bien el archienemigo. Pero ojo, debemos comprender el mote archienemigo desde una vertiente positiva, como el jefe final. Mourinho sería el Voldemort de Harry Potter, pero nunca sería Lucius Malfoid o Bellatrix Lestrange.

La caída en desuso del 4-2-3-1, y con ello la lenta desaparición de la figura del media punta, ha provocado a los ojos del espectador la ocultación e infravaloración del clásico “10”.