José Mourinho nunca deja indiferente a nadie. Amado por muchos y odiado por otros tantos, el luso ha demostrado a lo largo de su extensa carrera como entrenador poder ser protagonista de lo mejor y de lo peor. Algunos le han acusado de hacer de su figura pública un personaje en sí mismo. Mientras otros lo admiran por sus innovaciones en el ámbito metodológico. 

El fútbol al fin y al cabo no deja de ser un producto de entretenimiento. Si asemejáramos el fútbol al último estreno producido en Hollywood, ¿qué personaje encarnaría José Mourinho? Posiblemente no sería ni el protagonista ni el actor secundario, sino más bien el archienemigo. Pero ojo,  debemos comprender el mote archienemigo desde una vertiente positiva, como el jefe final. Mourinho sería el Voldemort de Harry Potter, pero nunca sería Lucius Malfoy o Bellatrix Lestrange. 

Su reputación y sus éxitos a lo largo de su carrera merecen ser respetados como tales la figura de un villano rutinario se le queda corto al grande de José. El luso se ha ganado a pulso que lo tildemos de archienemigo. Mientras el aficionado pide a su equipo un juego atractivo, que apueste por lo ofensivo antes que por lo defensivo; Mourinho construye sus equipos de atrás hacia delante. 

Si el fútbol se juega única y exclusivamente en la cancha, Mourinho empieza sus partidos en las ruedas de prensa. Si la sociedad respeta a leyendas como Iker Casillas, Guardiola o Wenger; el bueno de Jose se enfrenta a ellos. Pero si hay algo no se le puede recriminar a Mourinho es que no sea honesto. Mou como todo buen villano va de cara y no se esconde ante las adversidades, dice y hace lo que piensa sin filtro alguno.

Primeros pasos

José Mourinho es el archienemigo del fútbol por qué la narrativa le ha llevado a ello. Seguramente en sus inicios nunca hubiera imaginado tener que lidiar con este papel de “chico malo”, pero los hechos a lo largo de su carrera se fueron sucediendo. Desde sus inicios el papel de villano le vino como anillo al dedo. Como muchos villanos fracasó en su primer intento de alcanzar la élite

De por seguro, que Mourinho hubiera deseado convertirse en un gran jugador, sin embargo, siempre estuvo muy lejos de conseguirlo. Mou, que por aquel entonces se desempeñaba bajo palos, pasó sin pena ni gloria por la segunda división portuguesa, retirándose a la temprana edad de los 24 años. Su nivel como ha reconocido en múltiples entrevistas no daba para más, con lo que desde bien joven se centró en lo que realmente amaba, la táctica y la dirección técnica. 

Sus primeros pasos como técnico los daría de la mano de Sir Bobby Robson y Louis Van Gaal desarrollando la función de asistente técnico. El joven luso aprendió las dotes de la dirección técnica bajo el manto protector de dos sabios de este deporte.  Al igual que Voldemort en la famosa saga de películas, se dejó enseñar por los mejores para convertirse a posteriori en un maestro. Cuando consideró que ya había adquirido todos los conocimientos necesarios para volar solo, emprendió su propio camino. 

Carlos Busquets, Luís Enrique, José Mourinho y Josep Guardiola. Año 1996. Fuente: Pinterest
Carlos Busquets, Luís Enrique, José Mourinho y Josep Guardiola. Año 1996. Fuente: Pinterest

Un villano en auge

En sus primeras experiencias como entrenador adquirió poder y reconocimiento como todo buen villano, ganando dos Champions League más que meritorias con dos conjuntos de segunda clase en la élite europea, como el Inter y el Oporto. 

Poco valor le ha dado la historia a estos dos títulos continentales cosechados por el técnico portugués. No eran candidatos firmes al título, no contaba con una de las mejores plantillas de la competición, pero el luso supo engranar las piezas para construir dos equipos ultra competitivos. Comandados por Carvalho, Costinha, Derlei o Deco en el Porto y por Julio Cesar, Maicon, Zanetti, Sneijder o Diego Milito en el Inter llevó a las vitrinas de sus respectivos clubes el gran entorchado continental. Muchos de los integrantes de aquellas plantillas han apuntado que el éxito se logró en buena parte gracias a la unión que existía dentro del vestuario. 

José Mourinho levantando la Champions League con el Inter de Milán en 2010. Fuente: T13
José Mourinho levantando la Champions League con el Inter de Milán en 2010. Fuente: T13

Probablemente Mou no sea el mejor gestor de grupos, sus enfrentamientos con pesos pesados del vestuario como Pogba o Casillas son buena prueba de ello. Sin embargo, si hay algo que no se le puede discutir a Mourinho, es su afán por mantener motivada a la plantilla. Es un gran motivador de grupos, experto en sacar lo mejor de sus jugadores haciéndoles creer que son mejores que el rival. Si los villanos reúnen fuerzas para poder combatir a los héroes, Mou motiva a sus plantillas de jugadores hasta el punto de poder competir de tú a tú contra los mejores. 

Entre la consecución de ambas Champions, Mou viviría un exitoso periplo por tierras británicas. Al mando del Chelsea (2004-2007), lograría seis títulos en tres años, ganándose el respeto, la admiración y el recuerdo eterno de los aficionados “blues”. Mourinho devolvería la gloria a la ciudad londinense obteniendo dos Premier League, título que el club no ganaba desde hacía cincuenta años. 

La narrativa, sin embargo, lo volvería a situar como el villano de la película. Junto a Roman Abramovich fueron las caras visibles del primer gran proyecto futbolístico hecho a base de talonario. Lo que le convertiría en el foco de odio de los que se negaban a aceptar la llegada del fútbol moderno o el fútbol como modelo de negocio. The Special One como se autoapodó en su presentación con los “blues” mostraría durante su estancia en las islas su carismática arrogancia en múltiples ruedas de prensa, ganándose la enemistad de ni más ni menos que Arsene Wenger.

La batalla final

Mourinho aterrizó en tierras madrileñas en julio de 2010. Fue ahí donde el luso mostró al mundo su versión más maquiavélica. El ganar fuera como fuera se convirtió en su motivación diaria. No importaba el cómo ni el cuando, solo ganar, ganar, ganar y volver a ganar como dijo en su día el mito de Luis Aragonés.

Al más puro estilo José Mourinho, como buen archienemigo, protagonizó históricas batallas contra el Barcelona de Pep que iban más allá del terreno de juego. El luso con pasado azulgrana se convirtió en el enemigo de todo aficionado culé

José Mourinho diciéndole algo a Pep Guardiola mientras daba indicaciones a Zlatan Ibrahimovic. Fuente: Infobae

El enfrentamiento entre afición y José Mourinho ya se venía dando con anterioridad cuando tras eliminar con el Inter al Barcelona en las semifinales de Champions, Mou protagonizó una exuberante celebración en el Camp Nou ante los silbidos de la afición culé. Aquella noche de abril, en la cara de José se podía apreciar una inmensa sonrisa que poco distaba de la sonrisa fría y malvada del Joker. Pero todo explosionó con la llegada de Mou a la capital española. La tensión entre Madrid y Barcelona, y con ellos entre Mou y Pep fue en creciente a lo largo de toda la temporada y alcanzó su pico con la disputa de cuatro partidos en menos de veinte días. 

«Aquella noche de abril, en la cara de José se podía apreciar una inmensa sonrisa que poco distaba de la sonrisa fría y malvada del Joker»

Entre el 16 de abril y el 3 de mayo de 2011 se libraría la guerra entre dos estilos completamente opuestos, que superaba las fronteras del terreno de juego. Si el Barcelona representaba la escuela brasileña del jogo bonito mediante su fútbol vistoso, el Madrid era su opuesto y mediante una férrea defensa y una excesiva brutalidad representaba la escuela italiana del Cattenaccio. El mundo del fútbol lo tildó como una batalla entre héroes y villanos encarnados en las figuras de Pep, visto como un santo y Mou, el diablo

Si en el ámbito futbolístico ya se tiende a exagerar los hechos, lo vivido en aquellos días se sobredimensionó hasta el punto de no existir un término medio. Unos buenos y otros malos, unos héroes y otros villanos, los grises desaparecieron de la ecuación para que todo fuera visto como blanco o negro. Aquellos partidos son parte de la historia del fútbol y ejemplifican a la perfección la rivalidad y la tensión existentes entre el Barcelona de Pep y el Madrid de Mou. 

El Madrid ganaría la batalla de la Copa, mientras que el Barcelona saldría vencedor de la guerra al llevarse el título de liga y el pase a la final de la Champions. Aunque la aventura de José Mourinho por Madrid no se puede catalogar como excesivamente exitosa, no se le puede restar mérito. El luso plantó cara a uno de los mejores equipos de todos los tiempos y sentó las bases de un Madrid que tras su marcha, ganaría cuatro Champions en cinco años. En su paso por la capital española Mou no dejó demasiados títulos; pero recuperó algo más importante que el Madrid había perdido durante la última década: su grandeza 

La decadencia del villano

Los últimos proyectos de José Mourinho han dejado un sabor agridulce al aficionado medio, como si el gran villano hubiera perdido parte de su aura y su poder. Se podrían calificar sus últimas experiencias en los banquillos con la mítica expresión del “sí pero no”. Es cierto que ha ganado títulos, algunos con solvencia como su tercera Premier League con el Chelsea, en una temporada en la que lideraría el campeonato de inicio a fin; pero siempre estuvo lejos de cosechar los éxitos que en su día alcanzó en las ciudades de Porto o Milán. 

Sus últimos años se asemejan a los del clásico villano que con el paso del tiempo asume su rendición, y que no le queda otra que dejar paso a otros villanos que puedan volver a combatir al gran héroe.

José Mourinho y Paul Pobga en el Manchester United en 2018.
Fuente: LibertadDigital

En territorio mancuniano se volvería a repetir la tónica de su anterior etapa. Mou lograría traer títulos a las vitrinas del club: Una Community Shield, una Copa de la Liga y una Europa League. Además logró finalizar en segunda posición en la Premier League, la cual es la mejor clasificación del club desde la marcha de Sir Alex Ferguson. Pero el juego que desplegaba su equipo sobre la “cancha” era arcaico. Lo que a Mou le había funcionado diez años atrás no le valía en la actualidad. El fútbol había evolucionado, al igual que los héroes desarrollan nuevas habilidades, pero Mou y su figura de villano se habían quedado atrás

Las fatídicas eliminaciones en Champions en eliminatoria que partía como favorito, junto a las malas vibras que se respiraban dentro de ambos vestuarios, acabaron por sentenciar al técnico luso que no llegó a completar la tercera temporada en ninguno de los dos proyectos

Mou es un mito de los banquillos y uno de los mejores entrenadores en lo que llevamos de siglo. Su palmarés, 25 títulos en su haber, lo ratifican. Posiblemente no será recordado por haber desplegado un juego vistoso ni por ser del gusto de todos, pero su figura de villano, su personalidad y sus innovaciones metodológicas serán recordadas en la eternidad.

José Mourinho es una leyenda del fútbol de nuestros días. Un personaje conflictivo que despierta simpatías y desagrado a unos y otros, y precisamente esta es la cualidad que nos provoca una gran atracción por su personaje.


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